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miércoles, 7 de octubre de 2009

El Caserón


- Relato dedicado a todos aquellos que pasan las noches en vela-

El dia 28 de diciembre de 1958 salimos a tomar algo una amiga y yo. No sólo era mi amiga sino que era como mi hermana. Cuando decidimos volver a casa se nos pasó por la mente la estúpida idea de acortar atravesando el bosque y no llevábamos ni un kilometro recorrido cuando el motor se paró, tres de las ruedas reventaron y los cristales saltaron en mil pedazos hacia todas las direcciones! Todo esto fue de golpe....no habiamos chocado con nada para que aquello pasase ....y aqui comienza esta historia:

Después de andar y andar llegamos cansadas y extenuadas a una lúgubre casa abandonada y decidimos pasar alli la noche:


Para nuestra sorpresa al girar el pomo de la puerta principal de aquel caseron un pequeño hombre salió a nuestro encuentro tras escuchar el terrorrifico chirrido que la puerta habia producido:

Su aspecto nos dió un poco de miedo pero no queriamos ser descorteses con aquel hombrecillo de rostro desfigurado y poca estatura que se mostraba tan atento con nosotras, así que poco después ya estábamos dentro de nuestras habitaciones. Debido a que soy una de esas personas a las que les cuesta coger el sueño (y más en un sitio así) decidí dar una pequeña vuelta por aquel lugar:


Y fue entonces cuando tras pasar el umbral de uno de los aposentos más grandes que tenía aquella casa lo ví....

Me di la vuelta y eché a correr con el único pensamiento de coger a mi amiga y hermana y salir de aquel escalofriante lugar pero algo que había en el suelo me hizo tropezar haciendo que perdiese el equilibrio y cayese desplomada sobre el suelo


En ese momento sentí como un grupo de personas extrañas me rodeaban con sus fríos cuerpos y tiraban de mí


Intenté luchar pero mis fuerzas no eran suficientes y el temblor que recorría mi cuerpo en aquellos momentos me hacían aun más débil.... intenté agarrame a algo con todas mis fuerzas...pero allí no había nada a lo que agarrarse...


Al final me llevaron junto al que al parecer era uno de sus jefes

A partir de ahi no recuerdo nada. No sé que fue lo que me hicieron. Tengo imágenes muy confusas de lo que pasó en aquella sala. Hubo dolor, sangre, miedo, lágrimas...y un murciélago que no paraba de dar vueltas a mi alrededor

No sé que me pasó pero de forma impulsiva cogí un cuchillo y me dirigí al cuarto de mi amiga, de la que habia sido como mi hermana y...



Nunca tuvimos que haber cogido aquel atajo y menos aun habernos adentrado en aquel bosque. Siempre creimos que estando las dos juntas nada malo nos podría pasar...nos equivocamos. Ella ahora descansa...yo esa noche me convertí en uno de ellos!

martes, 18 de agosto de 2009

Mañana será otro día

Yo sigo con mis relatos.....aunque esta vez es de cosecha propia!!!!!


Silencio. Oscuridad. Todo estaba en calma. La noche lo había envuelto todo con su fina capa de seda negra. Todos dormían. Todos soñaban. Todos excepto Darla. El teléfono móvil que sostenía parecía enorme dentro de su pequeña mano. Ni un solo toque. Ni una sola llamada. Ni un solo mensaje. Era increíble. Cuarenta y siete personas y cuarenta y siete números de teléfono que había guardados en la memoria de aquel pequeño objeto que parecía enorme dentro de su mano y ni un solo toque, ni una sola llamada, ni un solo mensaje. En verdad de esas cuarenta y siete personas sólo veintiséis eran considerados “amigos” y de esos veintiséis sólo trece sabían que lo estaba pasando mal. El móvil no sonaría en toda la noche pero Darla seguiría sujetándolo con la esperanza de que en algún momento su cuarto se iluminase con la luz de aquel pequeño objeto.

Darla ya se había puesto el pijama y llevaba un buen rato metida en la cama. Sabía que en algún momento le podría dar sueño. Esperaba que en algún momento le pudiese dar sueño. Pero mientras éste llegaba miraba fijamente la pequeña pantalla de aquel pequeño objeto esperando que ésta se iluminase en cualquier momento. Hacía un buen rato que se había puesto el pijama. Le quedaba horrible. Le estaba muy grande cuando se lo compró y ahora que había perdido siete kilos le quedaba enorme. El pantalón se le caía y las mangas eran tan anchas que con cualquier movimiento se le iban hasta el hombro. Darla seguía mirando el móvil. En cierto momento su mirada se detuvo en su muñeca. Ahí estaba. Seguía ahí. De la manga del pijama asomaba una pequeña herida que ya estaba cicatrizando. Ahí estaba. En la muñeca de su brazo izquierdo. Dos días antes Darla había intentado hacer una de las mayores tonterías que una persona desesperada puede hacer. Dos días antes Darla se había hecho con un pequeño pero afilado cutter de color naranja y se había cortado en la muñeca de su brazo izquierdo. Esto sólo lo sabían dos personas de aquellas trece personas que sabían que lo estaba pasando mal. Y ahí estaba, asomando por la manga del pijama aquel corte rojo pero poco profundo que ya estaba cicatrizando. Darla sabía que podía haber llegado hasta el final y que no lo hizo, pero no fue por miedo, sino por sus padres. Sus padres no se merecían aquello. Ya habían pasado mucho y seguían teniendo muchos problemas. Definitivamente sus padres no se merecían aquello. Ningún padre se merece eso.

Darla ya no miraba hacia el teléfono móvil. Su mirada ahora se había fijado en aquel corte que ahora estaba cicatrizando. “Cuando este corte cicatrice mi corazón también cicatrizará”- pensaba. No iba a convertirse en una suicida. Sus padres no se merecían aquello. El dormitorio estaba completamente a oscuras. Mejor así. Por el día era horrible ver cómo estaba de abandonado aquel lugar. La ropa se amontonaba en una silla y se mezclaba la sucia con la recién lavada y el polvo cubría muebles, figuras y libros. ¡Cuántos libros había en aquel dormitorio! A Darla siempre le había encantado leer. No importaba el género. Si tenía palabras lo leía. Si al final le gustaba el libro o si no era otra historia pero le encantaba leer y le encantaban los libros. Sus asignaturas favoritas siempre habían sido el arte, la literatura y la filosofía y alguna que otra historia, sobre todo si eran de civilizaciones ya extinguidas, y ahora que ya no estudiaba las echaba de menos. Había sustituido aquellas asignaturas por códigos. Darla ahora era cajera en un supermercado. Jefas a las que no soportaba, compañeras que la criticaban, normas que no comprendían, clientes que le gritaban…y todo eso por 600e al mes (4´50 la hora). El domingo era el único día de la semana en el que no tenía que hacerle frente a las jefas, ni a las compañeras, ni a las normas, ni a los clientes…

Darla volvió a centrarse en la pequeña pantalla del móvil. Nada. Ni un solo toque. Ni una sola llamada. Ni un solo mensaje. Eso no era lo raro. Lo raro era seguir esperando una llamada, un toque o un mensaje. Pero ella era así. Era un poco rara. En su cuarto hacía ya algún tiempo había colocado unos posters. Siete posters. Tres de ellos eran de caballos y cuatro de películas que le habían gustado. Daredevil, Spiderman, X-Men y El Señor de los Anillos. ¿El Señor de los Anillos? Pero si ni siquiera le había gustado esa película, ¿qué hacía ese poster ahí? Darla era un poco rara…no había otra explicación.

Todo estaba en silencio y su dormitorio aún no se había encendido con la luz de ningún mensaje. Darla se hubiese quedado mirando la pantalla de aquel pequeño objeto toda la noche pero al día siguiente tenía que trabajar y tenía que volver a enfrentarse a las jefas que no soportaba, a las compañeras que la criticaban, a las normas que no comprendían, a los clientes que le gritaban…Darla apagó el teléfono móvil, miró de nuevo aquel pequeño y poco profundo corte que tenía en su muñeca izquierda, lo tocó con el dedo índice de su mano derecha y se lo tapó con la manga del pijama. A su lado, junto a su cama, la mesita de noche con sus tres cajones y en uno de ellos escondido el pequeño pero afilado cutter de color naranja esperaba paciente una segunda oportunidad…lo más seguro es que no la hubiese pero ahí estaba por si acaso.




domingo, 2 de agosto de 2009

El destino....ese pequeño duende burlón!!!!! XDD

He aquí otra gran historia a las que ultimamente recurro sólo para actualizar pero que creo que no os van a quitar mucho tiempo y os van a entretener un buen rato!!!! De hecho, si os gustó la anterior con esta seguro que flipais!!!! Ya me contareis!!!!


"La historia de mis abuelos fue la de un chico de 20 años que se enamoró de una mujer de 47. En aquel momento, en el pueblecito donde vivían, eran el Diablo. Ella aún era soltera. Mi bisabuela había tenido novios pero no se había casado y además tenía opiniones propias, hecho que la convertía en la chica que todas las madres querían alejar de sus hijas. Se llamaba Remedios y era considerada la zorra del pueblo, la puta del lugar con mesa reservada junto a la ventana en el infierno.

Mi abuelo de joven no era un tipo especialmente apuesto, no tenía dinero ni era carismático. Mi abuelo no era nadie de quien recordar grandes citas. Según tengo entendido era un hombre de quien podías haber estado acompañado durante largo rato sin haber advertido su presencia. Mi abuelo no era nada, o menos que nada; de no ser por mi abuela, hubiera caído en el olvido. De no ser por ella yo no existiría. Mi abuelo habría muerto solo y aburrido, probablemente suicidado de saber lo poco que importaba a nadie. El caso es que un día de fiestas en el pueblo, mi abuelo de algún modo engatusó a Remedios y desde ese día no volvieron a separarse.

Vivieron humildes y se dice que felices aun con los veintisiete años de diferencia. Y con todo es verdad que el amor no tiene edad, pero la muerte sí. A Remedios le llegó con 82. La causa, desconocida. Mi abuelo tenía 55 años para entonces y jamás buscó otra mujer. Murió a los noventa y siete, cuarenta y dos años después. Otra vida entera en la que lo único que hizo fue recordar. Viudo durante lo que fue una entrega absoluta al alcohol, pasó de ser nadie a ser el borracho del pueblo, de que no le hicieran caso a que la gente evitara hacerle caso.

Buscas la historia de lo acontecido, del pasado, de los muertos, e intentas deducir por qué aún somos tan retrógrados, qué nos empuja a no evolucionar. Y nunca hay respuestas. La verdad es que la vida de la gente suele ser tan absurda que sólo puedes reírte para dejar tu sonrisa congelada. Si me apuras, te diría que no saber es la única respuesta.

Hace un año mi padre empujó a mi madre durante una discusión. Mi madre dio con la cabeza en el suelo y al día siguiente celebramos su funeral. Mi padre nunca había maltratado a mi madre. Dos días más tarde mi padre bajó a las vías del tren sin que nadie lo impidiera y comenzó a caminar hasta que, dentro de un túnel, se topó con el tren de las ocho de frente. Murió, claro, y supe que el maquinista, afectado de problemas cardiacos, sufrió una crisis, debido al susto de ver esa figura caminando de frente hacia su tren.

Mi madre le sacaba quince años a mi padre. Las mujeres de mi familia siempre han sido mayores que los hombres. Mis bisabuelos, que murieron ahogados durante una riada, pues bien, ella tenía dieciocho años más que él. Parece que cuando el amor no tiene edad sí conlleva un castigo.

Si no quieres descubrir que no existen familias normales, no investigues, no preguntes, no ojees álbumes de fotos acompañado de quien sepa qué se esconde detrás de esas instantáneas. Sigue creyendo que lo que hay que saber ya se ve a simple vista. En poco tiempo descubrí cómo también un tío mío a una edad aún relativamente temprana le dio un infarto durante un coito. Se le paralizó el brazo izquierdo y cayó inerte encima de mi tía. Se cuenta que a los dos días mi tía buscó un buen lugar para ahorcarse. Hay vecinas aún hoy día que cuentan que la vieron pasearse con una cuerda y dando los buenos días a quien se le cruzara. Quién o cómo la encontraron muerta son misterios o cosas que prefiero no saber. Con la palabra SUICIDIO me basta.

Me he pasado semanas investigando sobre el árbol genealógico de mi familia. He descubierto que la felicidad no los envolvió muy a menudo.

En tiempo presente, llevo diez días quedando con una chica por la tarde en una cafetería céntrica de la ciudad. Apuro mi café con la cabeza llena de desgracias y gente muerta. Veo llegar a Raquel, la miro mientras entra en la cafetería y se sienta en la silla que hay justo frente a mí. Cuando ella ve los dos álbumes de fotos que tengo delante, empezamos a hablar sobre mi familia. Todos los muertos. Raquel tiene nueve años más que yo, pero la verdad es que eso ya no me impresiona nada. Sus treinta y dos años no pueden competir con mis antepasados. Comienza a ojear los álbumes y yo comienzo a hablarle por encima sobre esos fiambres congelados, esas fotos en blanco y negro de desconocidos. Lo único que ella sabe de mí es que me gusta, y ahora, mientras imagina cómo debía ser Remedios, o mis abuelos, o a mi tío muerto mientras hacia el amor con la persona que amaba… mientras ella decide hasta qué punto miento o digo la verdad, podría ser un buen momento para contarle lo de mis padres. Esas muertes absurdas… Elegir el momento para contar algo así es cómo decidir cuándo vas a besarla, puede no ser fácil. Pero Raquel, interrumpiendo mi ensayo mental de cómo le voy a contar la historia, dice:
- A mí me han contado cosas de mis abuelos, pero no tan fuertes.

Y me dice que hace como un año se llevó un buen susto, que su padre es maquinista y lleva muchos años metido en la cabina de un tren. Me dice que tenía problemas de corazón. Que aún los tiene. Ya sabes, dice. Y mientras me cuenta cómo su padre estuvo apunto de morir por haber matado al mío, decido que no. Ahora no puedo contar nada. La peor verdad es la que te podría convertir en un acosador o un psicópata. O en un fanático de la venganza. Me dice dónde y cómo pasó, y luego me pregunta que por qué me he quedado blanco, que igual no debería habérmelo contado.

Cuando ella deja de hablar, suelto un par de frases hechas y me quedo en silencio, esperando que se disipe el infarto. Luego, para evitar el pasado y aniquilar cualquier posibilidad de que ella abunde en eso, le digo que hace mucho que me apetece besarla, y que no se preocupe, si a ella no le hace sentir incómoda la diferencia de edad, a mí tampoco."

miércoles, 29 de julio de 2009

Pequeño Panfleto -Matar a "P"-

Oí a alguien decir una vez que la gente se empareja para poder reencontrarse en los aeropuertos. Para poder echarse de menos; para escribirse; para hablar a los demás de su relación... Lo que gusta es eso, idealizar; lo de convivir o estar también a las duras ya es otra cosa. Lo de hacer un ejercicio introspectivo sobre si están los dos a gusto juntos… Olvídalo. Llega un momento de confusión en la vida, en la que unos te dirán que lo bueno llega a cambio del sacrificio, y otros te dirán que te dejes llevar; otros que no madures, otros que madures, que planifiques, que improvises, que vueles, que no te subas a la parra… Y a todos juntos te darán ganas de mandarlos a la mierda por pensar que puedes funcionar con filosofías encontradas, combinando esa amalgama de frases populares que sólo sirven para dejarte aturdido y tan colapsado que ni tan siquiera sabes ya qué es lo que tú quieres hacer. Así que no pidáis consejo a nadie; esas dudas… en fin, nunca se resuelven bien. Funciona más o menos así: Uno se la pega y luego puede decir que la experiencia es buena. Y después te la pegas otra vez y dices que el hombre es el único ser humano que tropieza dos veces; y te la pegas una tercera vez y una cuarta y la quinta vez que te la pegas, cuando ya estás harto de no saber qué puto desvío coger, entonces vas y te pones a dar consejos de sabio a todo el mundo. Y eso no es así, desde tu ventana se ven paisajes diferentes a los que yo veo así que esos consejos que tú me das no me sirven. Toda esa gente que va por ahí vendiendo su modo de vida como el más inteligente, se está cargando el mundo.

El tema de los planes de acción surgió de la frustración de tener ciertas ideas sin que nadie las oyera. La gran putada era tener una solución y no hacer nada por miedo a las consecuencias. A veces puede ser una acción preventiva y otras no. Pero en cualquier caso, estamos convencidas de que el hecho de que el mundo mejore o empeore sólo depende de los habitantes que lo pueblen. Es una plaga y cuando las plagas invaden tu casa lo que haces es llamar al exterminador. La noche que decidimos comenzar a actuar daban Cazafantasmas por la tele. Y comenzamos a bromear, a alimentar las fantasías de un grupo exterminador de "busconas". Porque si una chica diez años más joven que tú está intentando quitarte a tu pareja, ¿a quién vas a llamar?

Obviamente no podíamos comenzar a publicitarnos. Pero sí se corrió la voz en ciertos círculos. La mayoría de las mujeres vemos a los tíos como seres algo torpes, que igual pueden serte fieles que pueden caer en brazos de tu mejor amiga en menos que canta un gallo. Así que la primera en caer fue una tal Mabel, una chica de diecinueve años que estaba en la agenda del móvil del marido de una de las mujeres del grupo. Al principio pensamos que no iba a ser fácil matar con impunidad; pero al cabo del tiempo hasta nos comenzamos a divertir haciendo planes.

Hay una primera fase en la relación entre mujeres, un poco antes de que llegue la competitividad y la desconfianza, en que no parece haber amistad más fuerte en el mundo. En ese lapso de tiempo es cuando nos trabajábamos el contacto con la víctima. Y después siempre es pan comido. Un viaje a la costa, un día en la playa, un día en el bosque… Daba igual. Nadie nos miraba y podía imaginarnos degollando y enterrando a una buscona. En cualquier caso, vayas en la dirección que vayas a las afueras de la ciudad verás tierra removida. Y después de Mabel llegó Laurita, una niña de dieciséis que iba tras su casado profesor de gimnasia. Tras la cual murió Ana, una chica adorable que ya había empezado a salir con cierto director de escuela. Y Vanesa, Claudia, Tania, María, Esther… Todas muertas por encargo de mujeres de cuarenta años, cincuenta, en incluso alguna anciana. Por tan sólo quinientos euros tu pareja podía volver a ser tan sólo tuya, aunque se tratara más de engordar tu orgullo que de amor propiamente dicho.

Al llegar a las cincuenta víctimas, hicimos una celebración. Cincuenta jovencitas en siete años era una cifra muy respetable. No debe ser fácil atar cabos en una investigación cuando las asesinas son tan parecidas a esas mujeres que lloran en la tele cuando se enteran de que su niña ha desaparecido. La deformación profesional además nos ha demostrado cómo funciona todo el sistema de investigación, moda y medios: a más guapa es la desaparecida más tiempo en horario de máxima audiencia tiene; con un video de ella puesto en bucle, mientras los invitados del programa amarillista de turno intentan provocar un drama en directo con los padres protagonistas. Objetivamente no hay demasiadas personas moralmente mejores que nosotras.

Y nuestro plan ahora es matar a P. Hay una serie de chicas jóvenes que viven o trabajan cerca de nuestros hombres; chicas sospechosas, amantes probables. Hace cinco años que vivo con mi novio, al que considero razonablemente fiable. A excepción de que ahora la señorita “P” se ha mudado con sus padres al piso de abajo (aquí, en mi barrio, mi casa, mi vida); demasiado cerca. La mudanza fue hace apenas un mes. Ella ya sabe que vivo aquí, e irremediablemente se fijará en mi novio, le saludará, coincidirán en el ascensor, con ese botón que lo bloquea… Analizándolo fríamente, podría bastar con que ella apretara un día ese botón entre dos pisos. Una relación es así de frágil; así de fácil se puede ir al garete cualquier promesa. He tenido pesadillas con esa imagen del ascensor; con mi novio y esa niñata, con los vecinos abajo con sus bolsas de la compra preguntándose qué coño pasa.
Esas cosas se pueden evitar, es una tontería no salvar mi relación por dejar viva a una chica que seguramente se pase el resto de su vida subiendo peldaños profesionales a base de mamadas. El mundo puede vivir sin eso. Si nos uniéramos las mujeres dignas del mundo, quizá dentro de unos años tener pareja fuera algo más que un pasatiempo en permanente estado de interrogación. Podríamos hacer que la vida conyugal fuera algo más que periodos de felicidad tras un abrazo en un aeropuerto; esto podría ser mejor que la idealización del amor; un estado de convivencia a medio camino de la actual realidad y la fantasía de novela rosa. Si desaparece la tentación, tu pareja sabrá que la verdad la tiene en casa y que todo lo demás es traición y mentira.

jueves, 12 de marzo de 2009

La casita

Un poquito más. Un poquito más. Casi no queda nada de camino. Ya he pasado por los caminos más abruptuosos. Lo que queda es pan comido. Ya se ve al fondo. Ahí está. Parece una pequeña cabaña. Una casita con paredes de madera rodeada de árboles y pequeños arbustos. Todo es luz, paz y tranquilidad. Por las mañanas dicen que puedes oir cantar a los pájaros y por las noches ulular a los búhos. Es preciosa. Cuanto más cerca estoy de ella menos ganas tengo de volver a casa. Todo esto me parece un sueño pero no estoy dormida. Ya he llegado junto a esta pequeña casita y no estoy dormida. Todo es real.

A mi padre se le hizo un nudo en el estómago cuando le comenté de forma decidida que me iba a pasar unos dias allí. A él nunca le había gustado esa casita debido a su "peligroso aislamiento", como lo llama él. Cada vez que pensaba en ella lo primero que se le venía a la cabeza era el cuerpo sin vida del tio Rogelio. El tio Rogelio era lo que mucha gente llamaba un hermitaño. Nunca había querido cuentas con nadie y esa había sido su fortaleza de la soledad. Con el tiempo se habían hecho muy buenos amigos. Él no necesitaba a nadie y nadie lo necesitaba a él....en verdad nunca sabremos si en sus últimos momentos sí que necesito a alguien. El caso es que pasó gran parte de su vida allí solo y allí solo murió. Ya hace tres años desde que el tio Rogelio apareció degollado. Mi madre aún sigue recordando cada vez que tiene la ocasión lo bueno que era....quizá sea verdad o quizá sólo lo haga por el hecho de que le dejo aquella casita a mi padre y vió en ella algun tipo de inversión. A saber. Hay gente que dice que durante toda su vida no fue más que un hijo de puta en toda regla. El caso es que ahí esta mi madre tapando sus miserias con el mejor maquillaje.

Yo ahora que estoy dentro de esta casita creo que empiezo a ver a mi tio con muy buenos ojos.

Ya está anocheciendo. Y ahora me estoy empezando a preguntar si he hecho bien en venir a este lugar. El silencio es aterrador. Estoy muerta de miedo. La casa cruje por todos lados y hasta las ventanas chirrian como nunca antes me hubiese podido imaginar. Siempre se ha dicho que no hay nada más peligroso que la imaginación y en estos momentos creo que no hay una frase más cierta. Es inútil pensar en algo agradable cuando lo único que te viene a la mente entre estas cuatro paredes es la imagen de un psicópata entrando por una de las ventanas y cortando tu cuerpo a trocitos con el hacha que algún leñador despistado hace ya muchos años dejó olvidada junto a algún roble. Lo reconozco. Me asusta estar tan asustada. Cualquier mueble o bulto que veo en la oscuridad parece algo agazapado esperando a que me despiste para atacar; un duende asesino, un fantasma, un psicópata, mi tio muerto…

Es increíble. Siempre me ha encantado la noche y ahora no se qué hacer para que pase el tiempo y poder ver de nuevo el sol. Me levanto. Aquí no hay tele, ni radio ni nada con lo que poder distraerme aparte de un libro. Se trata de una novela. Es horrible. La primera vez que la tuve entre mis manos creí que se trataba de algo erótico pero en el segundo reglón me di cuenta de que era pura pornografía. Y no lo digo porque sea "muy porno", sino porque va más allá del relato erótico y de esas descripciones eternas y aburridas sobre los pechos de ésta o el culito de aquella. No es eso. Son relatos horribles. Escenas escabrosas. Situaciones muy violentas....
Continuará!!!!!!

martes, 11 de noviembre de 2008

Viaje al Olimpo!!!!!

Se detienen los pasos de un joven soldado
Se detienen los sueños de un chico americano
Se detienen las horas d aquel dia señalado
Se detienen sus pisadas junto a un gran porton dorado....

Los perros de Artemisa le ladran
Los dioses no le dejan de mirar
Los cisnes de Afrodita alzan sus alas
y, hasta las palomas, echan a volar.....


El joven soldado se siente cansado
Sin embargo esta acostumbrado a no ceder
Sus piernas ya no aguantan su peso
Y todo su cuerpo le empieza a doler.....

Nueve dias han pasado
Nueve noches le han visto llorar....
Los perros de Artemisa ya no le ladran
y los dioses le han dejado de observar....

Ya llega Atenea
Ha visto de lejos al joven militar
Se apresura hacia su encuentro
Y con lágrimas en los ojos lo intenta reanimar.....

Es inutil la faena
Ya nada se puede hacer
Es inutil lo que se haga
El joven soldado acaba de fallecer.....

El rostro pálido
Las mejillas llenas de lágrimas
El cuerpo cansado
Y en su mano una carta.....

"Siento mucho molestarte
Se muy bien que debo avisar
Pero he hecho un sacrificio muy grande
Al haber venido a este lugar....

Sabes que la luz me escandila
Que tus amigos no me dejan de mirar
Que los pies se me hunden en las nubes
Y que aqui el aire no se puede respirar....

Tu eres una diosa
Yo, un simple mortal....
Aqui te traigo tu armadura y tu escudo
Porque yo ya me he cansado de luchar...."

Eileen xxx

lunes, 3 de noviembre de 2008

Una paranoya :D

La pequeña enjaulada

En el valle de las sombras se encuentra un hada encerrada
la envuelve una niebla púrpura dentro de una jaula dorada.

En medio de tanto caos surgen flores de esperanza,
un arcoiris de terciopelo y algunas nubes de plata.

"¡Señor Ogro! ¡Señor Ogro! Déjeme salir de aquí.
Yo nací para ser libre y en esta jaula no puedo vivir".

"Cállate pequeño insecto. Cállate que quiero dormir.
Cuando se entra en el valle de las sombras es imposible salir".

Las flores de esperanza se marchitan, el arcoiris se vuelve gris,
las nubes de plata desaparece y el hada se empieza a morir.

"!Señor Ogro! ¡Señor Ogro! Deje al hada salir.
Haga una jaula más grande y luego métame en ella a mí".

En el valle de las sombras se encuentra una niña atrapada
la envuelve una niebla púrpura dentro de una jaula dorada.

jueves, 18 de septiembre de 2008

La princesa de las sombras

Pequeño fragmento de uno de mis "ladrillos":


La noche había teñido de negro la atmósfera que envolvía al pueblo de Alestof. Su fina capa de seda oscura se había posado sobre las montañas del monte Kumei y sobre las frescas y limpias aguas del río Tsimanai.


En el pequeño reloj que posaba sobre la mesita de noche en casa de la familia Miari no habían dado aun las cuatro de la madrugada cuando el teléfono sonó. Abi se despertó sobresaltada y de forma impulsiva pasó su brazo derecho por encima del cuerpo de su marido para intentar alcanzar el auricular del teléfono antes de que éste sonase por segunda vez y acabase despertando a todos los miembros de la casa como ya la había despertado a ella. Caleb, el marido de Abi, tenía un sueño muy profundo y hacía falta algo más que una llamada telefónica para despertarlo. “Sí…”. La temblorosa voz de Abi apenas se podía distinguir con bastante claridad en mitad de la noche. Sin embargo, las palabras que llegaban a través del auricular eran claras y concisas. “Buenas noches, Sra. Miari. Soy el agente Cornelio Druilio. Siento mucho el haberla despertado a estas horas pero lo que tengo que decirle lo considero de suma importancia”. El agente Druilio hizo una pequeña pausa al llegar a este punto, esperando quizá alguna señal que le indicase que la Sra. Miari estuviese aun junto al auricular escuchando sus palabras pues sus constantes desmayos eran conocidos en toda la comisaría. “¿Han averiguado algo de mi hija agente? Dígamelo. ¿Saben algo de mi pequeña?”. Caleb acababa de despertarse y en ese momento hubiese dado su vida a cambio de poder hacerse con el auricular y ser él que pudiese hablar con el agente Druilio. Brahim, el hijo del matrimonio, también se había despertado al escuchar sonar el teléfono a esas horas de la madrugada y ahora esperaba con lágrimas en los ojos junto al umbral de la puerta del dormitorio de sus padres para conocer la información que aquella llamada tan repentina traía consigo.


“Sra. Miari. No sólo ya sabemos el nombre del secuestrador de su hija sino que además hemos dado con su paradero y en estos momentos un coche de patrulla se dirige hacia ese lugar. Aun no sabemos en qué circunstancias se encuentra su hija pero le prometo que le mantendremos informada y le daremos toda la información que podamos. Sólo le pido que espere un poco más. Buenas noches Sra. Miari”. Abi dejó de escuchar esa voz clara y concisa que provenía desde el otro lado del auricular pero aun así continuó sujetándolo fuertemente con su mano derecha a la vez que lo iba alejando de su oreja lentamente. Caleb le quitó el objeto de la mano para volver a colocarlo en su lugar. Sabía que en cualquier momento éste podía volver a sonar.


Tras colgar el auricular Caleb abrazó fuertemente a Abi. Sabía que era en esos momentos más que nunca cuando tenían que estar unidos. Abi también lo abrazó y las lágrimas que caían por su mejilla ahora desaparecían en el hombro de su marido mientras eran absorbidas por la tela del pijama que éste llevaba puesto. Brahim traspasó el umbral de la puerta del dormitorio de sus padres y se abalanzó sobre ellos, abrazándolos con fuerza. Tenían que estar unidos, sobre todo en el caso de que las noticias que llegasen sobre su hermana no fueran del todo buenas.


Habían pasado trece meses desde que Betsabé había desaparecido. Brahim se encontraba en el pequeño jardín que había en la parte trasera de la casa jugando con su gata Dilcia cuando unos agentes se presentaron en casa para informar a sus padres de que posiblemente su hija había sido secuestrada. En aquel entonces Brahim tenía doce años pero sólo llevaba viviendo en el pueblo de Alestof cuatro meses y en ese momento no conocía el significado de la mayoría de las palabras que los agentes empleaban para hablar con sus padres pero sabía por las lágrimas de su madre y el temblor de su padre que no eran buenas noticias. Sus padres, al contrario, siempre habían vivido en Alestof y les hubiese gustado tener a sus hijos siempre con ellos pero sus circunstancias económicas no se lo permitieron y al nacer Brahim tuvieron que optar por enviarlo con su tía Astrid para que pudiese tener una buena vida y una buena educación, por lo menos hasta el momento en el que ellos pudiesen hacerse cargo de él. Esa fue la razón por la que Brahim se crió con su tía Astrid en el pueblo de Bulestof, al otro lado del monte Kumei.

Tras abandonar aquel día los agentes la casa de la familia Miari, Brahim corrió a su dormitorio con Dilcia entre sus brazos y cerró como pudo la puerta del mismo. Tras colocar a Dilcia sobre su cama se apresuró a buscar información sobre la palabra que los agentes aquel día no dejaban de mencionar y cuyo significado él no conocía: “secuestro”. Según sus averiguaciones un secuestro era un acto por el que se privaba de libertad de forma ilegal a una persona, por lo general durante un tiempo determinado y con el objetivo de conseguir un rescate.

Ya habían pasado trece meses desde aquel día en el que buscó información sobre la palabra “secuestro” pero en trece meses nunca se había mencionado la palabra “rescate”. El secuestrador nunca había estado interesado en ningún rescate. Al parecer sólo le interesaba su hermana. Y lo consiguió.

Sin dejar pistas ni rastros que pudiesen dar con él. Sin testigos que pudiesen haber ayudado a acelerar el proceso de detención de aquel individuo. Al parecer aquel personaje sabía lo que hacía. Anterior al día del secuestro estuvo siguiendo los movimientos cotidianos de su víctima durante algunos días anteriores al evento, con la finalidad de conocer sus rutas de tránsito para así lograr con mayor éxito su empresa definitiva. Y lo consiguió. Mientras los tres miembros de la familia Miari lloraban abrazados, un coche patrulla se dirigía velozmente hacia Lobrisgei, una pequeña aldea conocida más por sus pantanos que por los bosques misteriosos que la rodeaban.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Carta sin destino

No sé por qué pero todavía no consigo quitarme de encima este temor que me hace ocultarte mis sentimientos más profundos aunque contradictoriamente sean los que más anhelo entregarte. Tal vez actúe de este modo porque el corazón me dice que tú también ocultas los tuyos o tal vez sea una cuestión de timidez o quizá de respeto.


Creo que de nada nos valen las ambiguedades si los dos deseamos que nuestras almas se tuteen, que se hablen de amor, que se fundan y nazca una estrella hacia la que podamos volar juntos hasta que seamos muy mayores y poder quedarnos allí, brillando en las noches azules y en lo alto, junto a las demás estrellas que desde el principio de los tiempos nos aguardan y nos vigilan.


La verdad es que estoy llegando a un punto en el que no puedo retener más la autenticidad de lo que siento. Es más, es mucho más fuerte, y el deseo ya late en mi persona y muero por sentir algo más que el tacto de tu cuerpo o la delicia de tus labios en mi mejilla cuando tú y yo nos despedimos.


Seguramente pensarás que con la mirada te lo digo todo pero te recuerdo que cinco son los sentidos, no importa por cuál de ellos empezara esta historia. ¿Me dejas? Anda sí. Déjame formar parte de tí, de tu mundo, de tus sueños. Déjame ser feliz a tu lado. Solo dí que sí!


viernes, 7 de diciembre de 2007

Confesión

¿Sabes lo que he averiguado? Que en el mundo hay una chica que muere cada día que no te ve, que pierde un poquito de su vida cada vez que no siente tus besos, tus manos en su cuerpo, tu presencia cerca de ella...No sabe cómo lo has hecho pero has conseguido ser el dueño de su corazón y ya no sabe vivir sin tí, sin tu mirada, sin tu sonrisa, sin tus caricias...No sé lo que le has dado, ni con qué hechizo la has embrujado pero ya no vive para ella sino por tí. A veces quisiera meterse en tu pensamiento para saber la opinión que tienes de ella, si de verdad la quieres o si sólo juegas con ella....

Ella no me lo ha contado, tiene miedo de que la gente lo sepa, de que un dia la dejes y luego se rían de ella. Es cierto. Yo no te miento. Tú eres el único que está en sus pensamientos y más de una noche se ha despertado llorando porque ha tenido pesadillas en las que no estabas a su lado. ¿Qué le has dado que tanto te quiere? ¿Qué le has hecho que ya no sabe vivir sin tí? Tú sabes que ella te querría aunque tú no la quisieses, que lo daría todo por estar siempre a tu lado, que nunca se enfadaría contigo porque te ama demasiado.

Es verdad que ella no me lo ha dicho, no hace falta, yo ya lo sé...la conozco mejor que nadie y tú sabes por qué...